La raza fue desarrollada en Sudáfrica a fines del siglo XVIII por fusión de la cabra europea, angora e india. Su nombre deriva de la palabra Boer que significa granja.  Las ventajas son la facilidad de manejo de los hatos* caprinos. La evidencia indica claramente que la carne proveer proteína de calidad y  bajo en colesterol.

La apariencia general es de una cabra de pelo fino, cuernos tersados hacia la parte de atrás. La colocación típica del  Boer es un cuerpo blanco con cabeza café rojiza. La piel es pigmentada en las partes sin pelo, como bajo la cola, alrededor de los párpados y de la boca, lo que le da resistencia a las enfermedades de la piel. Además su piel es elástica lo que es esencial para adaptarse a condiciones de intenso calor y mucho sol.

Las hembras Boer deben ser femeninas, con una musculatura ligera en la parte anterior, alcanzando pesos de 90-110 kg. En las hembras la ubre debe ser firme con no más de dos tetas funcionales por lado y bien separadas.  Su producción de leche está limitada a la alimentación de la cría, la cual madura tempranamente.

La apariencia del macho Boer es la de un animal simétrico y vigoroso. Destacando su cabeza, cuello y cuartos anteriores robustos. Por su gran tamaño los machos alcanzan pesos de hasta 110-135 kg. La nariz es ligeramente curveada y la cabeza fuerte con orejas suaves y colgantes a los lados. 

Lo ideal es un cuerpo largo y profundo con costillas bien arqueadas y un lomo ancho, sus piernas muestran dureza y fuerte constitución.

La crianza de la raza Boer representa un gran negocio, muy redituable económicamente,  ya que mejora la producción y calidad genética del hato. Por otra parte, son excelentes utilizando fuentes de forraje que no son aprovechables por otras especies, pudiendo acompañar en el pastoreo al ganado bovino por la poca competencia entre ambas especies.

 Las cabras Boer son una excelente raza de carne, su alto rendimiento ha tenido un gran impacto en la industria de carne de E.U., Canadá y Australia y hoy en día en México.